Hay sabores que no solo refrescan… también cuentan historias.
El tejuino es uno de ellos.
En Guadalajara, caminar por una plaza bajo el sol y ver un vaso de tejuino bien frío, con su nieve de limón derritiéndose lentamente, es casi una invitación imposible de rechazar. Es una bebida humilde, nacida del maíz (como tantas cosas en México), pero con una profundidad que viene de siglos, de manos que han repetido el mismo proceso una y otra vez.
Dicen que su origen se remonta a más de siete mil años, y al probarlo, uno entiende por qué ha sobrevivido tanto tiempo: es refrescante, ligeramente ácido, reconfortante… y sobre todo, lleno de tradición.
Hoy quiero compartirte cómo prepararlo en casa, para que ese pedacito de Guadalajara llegue también a tu cocina… y a tu corazón.
🌾 Ingredientes
- 1 kilo de masa de maíz
- 1 kilo de piloncillo
- 3 litros de agua
- 2 limones
- Una pizca de sal
- Jugo de 1 limón (extra para servir)
- Hielo picado
🍯 Preparación
- En una olla, hierve el agua junto con el piloncillo hasta que se disuelva por completo.
- Aparte, licúa la masa con un poco de agua hasta obtener una mezcla suave. Agrégala poco a poco al agua caliente, moviendo constantemente.
- Cocina hasta que se forme un atole. Retira del fuego y deja enfriar un poco.
- Cuando esté tibio, agrega el jugo de los limones.
- Deja reposar de 2 a 3 días para que fermente, preferentemente en una olla de barro cubierta con una manta limpia.Verás cómo toma su consistencia espesa y ese sabor tan característico.
- Para servir, añade hielo picado, jugo de limón y una pizca de sal.Luego, vacíalo de un recipiente a otro varias veces para integrar bien todos los sabores.
Este tejuino no solo quita el calor… abraza.
Y como todo lo que huele a canela, a hogar y a recuerdos, sabe mejor cuando se comparte 💛
Vane Plascencia

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